AOLL – Capítulo 45 – El sol brilla de nuevo

Autor: R. B. García

Estaba cansada, la historia de Charles me transportó al viejo mundo, tanto mío como este, estaba ya por amanecer, y mi viaje a Rougen seria dentro de muy poco. Había dejado ya de escuchar la fiesta, parecía que ya todos estaban durmiendo.

Me sentí un poco afligida por recordar la muerte de mi chico. Así pues con la lectura, olvide momentáneamente lo que ese chico me hacía sentir.

Miraba la ventana, esperando que el sol saliera, el azul oscuro poco apoco anunciaba el alba, y las estrellas como las lunas aminoraban su brillo. Me sentí agotada por leer. Así que dormí un poco mientras la madrugada aún continuaba.

Mi tristeza poco a poco disminuía, y sentí un gran calor en mi corazón. Un fuego erótico se apoderaba de mí, mi respiración se agitaba, todo a mí alrededor daba vueltas y vueltas, era una pesadilla roja, que sacudía cada parte de mi cuerpo, un desespero por sentir el cuerpo de alguien. Sentía que todo mi cuerpo palpitaba.

Y es cuando Mra me levantó, ella me sacudió un poco y yo con ese desespero y calor, me levanto sudorosa. Le pido a Mra que alistara un baño.

Ella va y hace como le pido y me dice, que la fiesta de anoche fue un éxito, algunos soldados y nobles apoyaban mi idea sobre el matrimonio y sus condiciones.

Esta me sigue hablando, pero yo muy poco le escuchaba. Lo de anoche no era normal, esa excitación no la sentí mientras leía, pero si mientras descansaba. Le pregunté a Mra sobre lo que me paso y ella sonríe como burlándose, pero era tan modesta que me advirtió sobre la luna que estaba en plenilunio esa noche, o como decimos en mi mundo luna llena.

Cupido, era la que producía esos efectos eróticos en las mujeres mayormente y a los hombres. Esta conlleva un comportamiento en reproducción. Así como

se asocia los cambios de marea, o el comportamiento violentos en algunas personas en la tierra. Cupido afecta en este mundo mayormente el sexo.

Yo por mi poder repulsivo, pude resistirme en mi concentración mental ante la lectura. Cuando descanso, mi cerebro bajo su resistencia y me deje llevar por la sensualidad y la pasión.

Eso me dejo un poco, un poco…

Mra me pregunta que fue lo que sentí, y yo le cuento que tenía un deseo inacabable de tener a alguien con migo, y ser uno. De repente pensé en él, que lastimosamente me hubiera gustado tener mi primera vez con ese chico.

Pero ya no veía posibilidad alguna, así que seriamente medite sobre quedar virgen para siempre. Mi aquedad sobre el sexo descontrolado y libertino me tenían muy prevenida sobre con quien realizar ese acto lujurioso. Había puesto en mí ser que Boldorg era el chico adecuado. Pero al morir esa posibilidad se esfuma con la idea de tener una familia. No quería tener relaciones con las criaturas de este lugar después de mi experiencia con el rey Oromus.

Así que me impuse bajo la castidad. Se reirán los que piense que me he convertido en una especie de monja, pero una mujer que cae en el deseo carnal, y no se controla con su pareja si no que la promiscuidad controla su vida, pierde su valor, pierde de vista la admiración y el amor. Eso era lo que yo más temía, no quería caer en la locura del placer, en esa droga interna que se libera, en no saber cuándo detenerse, descontrolarme. Que el caos se forme entre mis piernas.

Boldorg, el rey de los Dark assas, la muerte, aquel que llega para traer muerte y miseria, el chico de la biblioteca, el que me miraba cautivado, que vino por mí, ahora el chico muerto. ¡Si hubieras estado conmigo esa noche!

Después de tomar mí baño pensando en él. Mra me prepara un vestido azul, y me crea un peinado con extensiones azules, para parecer más largo, junto con varios ornamentos de flores y palillos.

Yo no me aguantaba tanta cosa, así que pedí que guardara todo y me alistara cuando estuviera en la ciudad.

El barco estaba aparcando en la cúspide, El Imperato había dejado a su Torner como encargado de la seguridad del reino de oru, Yo deje a Kiros encargado de sustituirme, y Mra dejo como cabeza de las virtuosas a una chica de su máxima confianza que era parte de las Valquiria de fuego.

El sol brillaba esa mañana, y Zastrozz suspirando por el nuevo día, me veía con su armadura de Imperato y este me decía con la mirada que un nuevo día se levantaba para mejor o quizás… para peor.

Mra veía con tristeza a su marido, porque este se quedaba como concejero del Torner Ar Dumis.

Yo le digo a Mra:

— No te preocupes, volveremos muy pronto.

— Oh mi diosa, siento mucho lo de su joven amado que murió, sé que es muy duro ver esta escena cuando usted no pude hacer lo mismo con él—Dice Mra con ánimos de consolarme, pero surtía el efecto contrario.

— No te preocupes por mí, estaré bien— Respondí.

—Mi esposo dice que usted aun… cree que él esté vivo.

— No, en realidad no, ya lo que pasó, pasó. No entremos más en este tema por favor, disfruta de tu vida marital.

Mra me deja por tal imprudencia y se retira, así que yo solo espero arribar a esa ciudad, donde los juegos de Rougen empiezan.

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