AOLL – Capítulo 43 – Charles Irving Smith se despide

Autor: R. B. García

“A la mañana siguiente desperté un poco tranquilo, y cuando mire la cama ella ya no estaba. Pensé que había salido a compra algo, pero luego me di cuenta por una nota en la mesa con la siguientes palabras «Se lo que hiciste» que ella me había abandonado.

Junto a esa nota, una bolsa de dinero. Esa nota me hizo dar escalofríos… No tenía caso ir a buscarla, ya no era mi problema. Había derramado lágrimas muchas veces y por muchas personas, ahora ya no podía desperdiciar mi tiempo con ella. Así que me levanté y me coloque la ropa habitual de trabajo. Termine mis quehaceres en el aposento y pague mi estadía con el dinero que Ollet me había dejado. Me fui de Londres.

Después de ese tiempo, no pasó mayor cosa, mi vida ya no tenía sentido: Mi único hijo murió en la guerra, mi nieto y mi esposa murieron de una enfermedad espantosa, y mi nuera me abandonó por quien sabe quién. Vendí todo lo que poseía, me quitaron tierras que por derecho era de mi familia. Charles R. Darwin ya no me recuerda, y Julio quien sabe dónde estaba ahora.

Vagué por mese y sin rumbo como mendigo por todas las ciudades, no tenía a donde ir, ni nadie que me diera ayuda.

Y es cuando llego al condado de Dorset. Como aquella vez, quería terminar de una vez por todos con mi miseria, intenté suicidarme, pero al ver el océano… escuche una voz, una voz de mujer que se asemejaba al sonido del mar chocar con las rocas, todo por lo que pasé fue mediante el océano.

Así que decidí retomar mi vida. Me ofrecí como primer oficial en un barco mercante que no hace mucho fue construido para llevar toda clase de mercadería a américa del sur, y las colonias en Estados Unidos. Pero en ese entonces no habían conseguido capitán, yo volví me ofrecí como capitán, les había contado mi experiencia con el Nostradamus (un barco el cual nunca subí y que naufrago), el Nimrod, el Kongul (otro barco el cual naufrago

también por culpa de una criatura mítica), y el exilio (otro barco que viajo a otro mundo), aunque mintiera con mi experiencia, fui contratado para ser capitán.

Mis primero viajes a américa fueron tranquilos, y sin ningún percance, había veces que se presentaba tormentas, pero lográbamos pasarlas sin mayores contratiempos.

Pasaron 5 años y ya tenía casi completamente olvidado mi pasado. Si no fuera por el mar…

… Era un capitán exitoso, comandaba ahora un buque comercial. Y a mi mando habían 250 tripulantes. Cuando arribábamos a los puertos y tomábamos, veía en soledad a mis marinos como se divertían con mujeres y como se emborrachaban para iniciar peleas. Era tanta mi melancolía, que a veces lloraba en frente de ellos, y ellos sin saber el motivo, para alegrarme brindaban por mí. Ellos me respetaban, nunca habían conocido un hombre tan sabio en el océano, surcando, y atravesando olas que parecía que el mismo Poseidón enviara para hundirnos. En mi mando nunca se conoció el temor del hundimiento. La vida me parecía tan insípida que todas las imprudencia que tomaba para salir de esa tormenta con el fin mío de naufragar, eran tomadas por mis subordinadas como estrategias audaces, y llenas de experiencia.

La monotonía de navegar me traía tristeza, la voz que escuche al principio ya no me decía nada, todo en mi estaba oscuro, y me asfixiaba.

Recuerdo ese día, un 31 de Octubre de 1896, decidí beber ron mientras llevaba la capitanía del buque hacia aguas caribeñas.

Una tormenta estaba golpeando duramente los cascos del barco, y se me ocurrió algo que puede ser un poco estúpido o accidental. Deje el timón y me acerque a la proa, todos en la cubierta me miraban, ellos gritaban mientras la lluvia y el agua golpeaba sus cuerpos. Todo me pareció como si estuviera en cámara lenta; los hombres gritando y corriendo, la lluvia parecía estar suspendidas en el tiempo, el barco luchando con las olas, los rayos rompiendo los cielos oscuros. Yo estaba viejo, demasiado senil para vivir ya, mi mente no podía esta otra hora viviendo la realidad, mi cuerpo arrugado y mis barbas

blancas deseaban saltar de ese barco y morir en las profundas y oscuras aguas de ese mar.

Y salté… la profundidad, estaba extrañamente en quietud, no había corrientes que me molestara. Cerré mis ojos y deje que lentamente la tortura me llevara.

Morí por cuarta vez.

Al renacer de nuevo en el mundo 2 aun con mí vejes, le grité a mi creador:

— ¡¿Qué es lo que quieres de mí?, déjame morir! Ya no puedo más señor, mi espiritu ha llegado ya a su límite, ¿qué es lo que quieres?, ¡dímelo!, ¡dímelo!

Le gritaba, le lloraba, le manoteaba como si él estuviera ahí, pero él no decía nada, yo llegue a las costas de un desierto, el desierto de las lamentaciones.

Si no podía morir en mi mundo, moriré en este pero de alguno modo tenia ya que irme.

Pero el señor siempre obra de manera misteriosa.

Mientras caminaba en el desierto para morir por lo menos deshidratado o por insolación, caí en arena movediza, que me llevó a lo profundo de unos túneles. Estos túneles en realidad eran las estructuras de un castillo.

Pasé meses caminando en esos túneles buscando la salida, pero siempre terminaba en algún lugar subterráneo. Descubrí manantiales, ríos, y muchos animales extraños que cocinados eran deliciosos. Y por un momento se me fue la idea de suicidarme. Y es cuando al caer en cuenta en esa epifanía, me rio y hablo con él.

— ¿Este es tu plan, traerme de nuevo aquí para comer y vivir en una cueva?

Y él me responde con una goteo, cada vez que la gota caí, el señor me hablaba, me indicaba que siguiera ese sonido. Y es cuando encuentro algo sorprendente.”

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