AOLL – Capítulo 41 – Charles Irving Smith, se entera de Julio Verne

Autor: R. B. García

Después de varios años, y ya con la vejes puesta encima, Chardi y yo nos fuimos a vivir a Dublín. Yo había sacado el barco que había construido en mi juventud y lo puse a navegar, trabajé como transportador en las islas, y con lo ganado compramos tierras para cultivo de cebada y lúpulo para la creación de cerveza, y compramos varios animales para la cuestión de granja, como ovejas, cerdos y algunas cabras.

Nos iban bien, mi hijo ya cumplía 15 años, y soplaba buenos vientos en la familia.

De repente le llega una carta a mi esposa, por algo que yo nunca sabia, y que me había contado antes.

Ella tenía una hermana en Francia. Éramos viejos, ella por lo menos estaba cercana a los 55, y fue la primera vez que la vi llorar.

Su hermana estaba a punto de morir, me dijo que nos fuéramos a vivir en Francia, ella necesitaba despedirse de su hermana.

Pero no sabía qué hacer con la granja y mi barco, así que por amor a ella vendí mi barco y la granja con todo y cultivos a unos caballeros que estaban interesados en la producción de cerveza.

Es así que en una semana después de tener todo preparado y con el dinero listo nos fuimos para Francia a visitar a mi cuñada.

Cuando llegamos a parís. Ella estaba postrada en la cama, tenía tuberculosis.

Chardi nunca me había hablado de ella, pero se veía que le tenía un grado de afecto mucho mayor al mío. Compramos una casa cerca a sacre coeur, un poco al norte y detrás de la basílica. Mi esposa cuidaba cuanto podía a su hermana. Yo pedí un préstamo al banco francés para la compra de un local y

poner una panadería. Mi hijo Michael trabajaba también en otra panadería y nos ayudaba con algunas cosas de la casa.

De inmediato me dieron el préstamo y puse una panadería, al principio quería colocar un tipo de bar, pero el pan era lo que mejor me daba.

Así que a medida que tomaba carrera con mi panadería llamada “le pain du matin” algo que no tenía pensado que iba a suceder sucedió.

En aquellos tiempos de 1853, un 21 de mayo estaba levantado muy a las seis de la mañana, empezando a sacar el pan del horno para surtir las canastas, un hombre entra a pedir lo habitual. Es entonces cuando veo que llevaba para ser tan joven estaba interesado en la lectura fantasiosa y épicas demasiados libros ara un joven. Yo recordaba tenuemente los tiempos míos de regocijo con la lectura, y pregunte:

— Vaya, hace mucho tiempo no veía a un joven tan dedicado con la lectura.

Este joven sonríe y dice. — Bueno al menos hay alguien que reconoce que la lectura es bueno en estos tiempos.

Este hombre con esa respuesta me pareció muy interesante, pero aquel joven parecía a buenas y primera que pasaba por una dificultad económica, el dinero que tenía apenas podía cubrir alguna delicia mía. Pero algo dentro de mí me dijo que le diera otra ración más de lo más delicioso.

— Tome lleve esto— Dije yo esperando a que tomara la bolsa.

— O no señor, le agradezco su bondad pero no quiero importunarlo, tengo el dinero para pagar solo mi pedido.

— O… no se preocupe, mi francés es muy malo pero se cuando alguien necesita ayuda, no me lo dijo en palabras pero sé que su aspecto me lo ha dicho todo, por favor tome esto como una venta a crédito, puede venir otro día y pagármelo cuando pueda.

— Vaya, se ve que sabe cómo funciona los negocios. Estudie derecho y es la primera vez que atestiguo un buen contraargumento, está bien tomaré esto… y le pagaré cuando pueda.

Ese joven se me parecía mucho a alguien pero no podía deducir bien.

Así fue todas las mañanas, ese hombre pasaba y me saludaba algunas veces solo para saludar, u otras para comprar, pero siempre lo veía pasar. No caí en cuenta después que cerca de mi panadería estaba una biblioteca.

Un día se presenta, para pagarme el pan, esta venía muy feliz y sonriente. No sabía por qué pero él me muestra algo:

— Señor Smith, mire esto.

El saca una revista y me muestra algunos relatos de su autoría.

Este hombre siempre le conocí como julio, y nunca le pregunte su apellido, y es ahí cuando debajo de la historia leo el apellido de este hombre. «Julio Allote».

— Vaya, el apellido que heredó de su padre es muy extraño— Comente con un poco de burla.

— O no señor, es el apellido de mi madre, me quite el de mi padre por venganza, dejo de financiarme cuando se le dije que no quería ser abogado, así que me retiré de la facultad y me dedique a escribir.

Señor esto es una locura lo que le voy a contar, pero ya que hemos entrado en confianza le confesaré algo. Mi madre tenía un hermano llamado Edmont, este murió en un incendio hace mucho tiempo y lo único que quedaba de ese incendio fue una caja fuerte que resistió las llamas de aquel incendio. Dentro, había un libro extraño que no tenía ilustración en su cubierta y las hojas estaban en blanco y junto a ella un manuscrito muy antiguo pero muy bien cuidado, este se podía leer. Mi madre sufrió mucho por la perdida, así que no leyó nada de lo que había en ese manuscrito, ni entendía por que guardaba un libro en blanco.

Fue así hasta que en mis últimos años de primaria, mi profesora que no dejaba de contar esas historias de su marido en altamar, me dijo que podía encontrar grandes historias en algún recurrente familiar perdido. Las familias siempre atesoran para sí misma las anécdotas contadas entre reuniones, ocultando en algún momento sus vergüenzas generacionales o

exaltando la procedencia de algún antepasado que realizaba actos heroicos como abominables. Me puse a la tarea de buscar algo que me llevara por ese sendero de historias, y es cuando encuentro la caja con el libro y el manuscrito que alguna vez le perteneció a mi tío Edmont.

Mi madre permitió su lectura, y me contó solo una vez, que su hermano había salvado a cierto hombre naufrago que poseía en su mente unas historias fantásticas. Tenían un primo lejano en Britania que lo convenció de comprar su historia para publicarla en Francia, pero cosas terribles le empezaron a suceder, al final no pudo publicar esa historia, así que cayó en nuestras manos.

Empecé a leer la historia, y ciertamente quede atrapado por los viajes de ese personaje, y como todo le ocurría. Y pensé, «quiero hacer lo mismo» el viaje fantástico a otro mundo.

Eso me motivo a escribir, pero no sabía cómo empezar, aún tengo ese manuscrito. Y cada vez que lo leo y releo me llegan a mi esas aventuras como si a mí me sucediera todas esa aventuras, como la historia de piratas, o eso animales que aunque solo salen de la imaginación pueden surcar los cielos y lo mares dentro de ese mundo, como si un mundo existiera dentro de otro mundo, como si lo imposible fuera posible, que lo misterioso fuera en realidad algo obvio, y que cada rincón inexplorado de este mundo fuera nuestro patio de recreo. Donde nuestro cuerpo no llega, pero llega nuestra mente. El nacimiento de algo nuevo, que se adelanta a nuestros pensamientos. Ese libro abrió mi mente.

Yo estaba totalmente helado de escuchar esa historia, y lloré enfrente de él

— Se encuentra bien señor— Pregunto Julio.

No podía contener mis lágrimas, esas lágrimas que brotan de un sentimiento que no es felicidad ni tristeza. Aquello que escuchaba era un relato que me recordaba de nuevo mi estadía en ese mundo, cuando lograba por tantos años olvidar por completo lo que paso, él viene como si un deus ex machina se tratase a traerme ese nostálgico pasado, donde le entregaba mi manuscrito a Nickolas y su primo lejano. Eso me aceleró el corazón, mi mente aturdida me

trajo consigo el cálido pasado de lo que viví y como afecto a este joven que no tenía previsto conocer. « Julio Gabriel Verne».

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