AOLL – Capítulo 39 – Charles Irving Smith, Últimas notas

Autor: R. B. García

“Después de crearme fama por ser el sobreviviente del barco el exilio, me tome un descanso con Chardi y mi hijo Charles Michael Smith II. Quería visitar la vieja casa en Irlanda por donde yo vivía en 1740, para ver cómo estaba después de pasar tanto tiempo.

Con Chardi a mi lado, ya no tendría de que preocuparme, después de tanto tiempo, el dinero que tenía guardado en esa callejón dentro de un bloque zafado y junto con el dinero que había guardado también Chardi nos ayudó a salir de Bristol, para dirigirnos alguna ciudad vecina como Liverpool o Birmingham. No le conté nada de lo que me paso sobre mi travesía real del exilio a Chardi, más aun solo le conté cosas que me gustaría hacer, ya no pensaba mucho en ese mundo, ni en el pasado, ahora solo me concentraba en formar una familia con Chardi.

Más tarde me enteré sobre la fama que había adquirido también mi amigo Charles Robert Darwin en el mundo científico, lo visite en una de su alma mater enseñando ciencia y filosofía, en Cambridge. Pero este no se encontraba, me enviaron a la Real sociedad de Londres para el avance de la ciencia natural.

Charles había cambiado, ahora era todo un hombre de mundo, en ese entonces estaba observando uno huesos, traídos por un ornitólogo, cuando entre a la sala de estudio donde entraba la luz solar, y se veía muchos huesos de otros mamíferos puestos en orden y un escritorio con muchas hojas con garabatos, este escucha mis pasos, y me dice:

— ¿Disculpe quién es usted, en que lo puedo ayudar?

— Charles soy yo, Irving— Contesté, con mucha alegría.

—Disculpe usted debe estar confundiéndome con alguien más.

— Oye no te hagas, soy yo Charles Irving Smith… ¿ acaso no me reconoces?

— Lo siento, no conozco a ningún Charles Irving Smith.

— ¿Acaso no eres tu Charles Robert Darwin?— Le pregunte un poco exaltado porque pensaba que me jugaba una broma. — Si, ese soy yo— Me respondió él un poco confuso.

Oye ¿esta es una especie de broma?

— No señor, ni más faltaba.

— Entonces por qué no… ¿De verdad no me conoces?

— Disculpe usted, puede que usted me esté confundiendo con alguien más, pero le aseguro que yo a usted nunca lo había visto.

Como puede ser esto. Le veía una convicción tan profunda de su desconocimiento a mí… existencia. Debe ser eso, mi influencia a su antepasado debió causar algún tipo de doble realidad, donde no me conoce en esta realidad y donde su abuelo me conoce en el pasado. Así que callé por un momento, me incliné para despedirme y di media vuelta para irme. Pero no permití esto, así que envés de irme, decidí contarle.

— Señor, ¿puedo hacerle alguna pregunta?

— Por supuesto, si eso le calma o le ayuda de alguna manera…

— ¿Recibió de su abuelo Erasmus algún tipo de libro o escrito, con alguna historia maravillosa?

Ese hombre, me hace un gesto muy angustioso y sorpresivo, él deja lo que tenía en sus manos y me dice:

— ¿Como dice señor?

— ¿Su abuelo no le dejo nada, unas notas con una historia muy extraña donde habla sobre el origen de las especies?

— ¿Cómo sabe usted eso, ni siquiera mis hermanos saben eso? ¿Es usted algún detective o algo por el estilo?

— No, no lo soy, en una de las hojas de ese libro ¿no tenía un nombre escrito, como C. I. Smith?”

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