AOLL – Capítulo 19 – La Biblioteca Canopia

Autor: R. B. García

Aún era de día y no sabía qué hacer, los anuncios del rey pospusieron mi
encuentro con el pueblo Berserker hasta que el concilio no llegara y
verificaran mí procedencia, no podía proclamarme como su diosa, aun así me
trataban con sumo respeto.
Entonces me dejaron el tiempo libre para que yo hiciera lo que quisiera, o eso
era lo que pensaba, porque después de que Zastrozz y Goud se fueran, el rey
Oromus convocó una guardia y a una sirvienta, esta era más baja que yo, de
atuendos dorados, rubia como todos aquí, y de hermosura excedente. Ella me
ve y se arrodilla junto con los guardias de armadura dorada que llevaban como
escudo el rostro de un lobo alado mirando el rostro de helios.
Ellos eran grandes, de 3 metros de altura, se arrodillan junto con la chica y
ponen sus espadas bajo mi servicio, la chica me mira y dice:
— Su divinidad acompáñenos, le mostraré sus aposentos dorados.
Yo estaba un poco nerviosa de ver tal cosa como esos hombres enormes,
eunucos y de lenguas cortadas, cada parte de su cuerpo era cubierto por mallas
o por armaduras doradas, lo único que se podía ver eran sus ojos blancos.
La mujer me explicaba de que no temiera a los colosales, una raza de
hombres gigantes salvajes que viven en las montañas cercana a Aldors y en las
costas del mar Nakki. Ellos no pertenecían a ningún clan ni casta, eran calvos
por naturaleza y su piel era muy pálida, se dice que son parias de los raza
White… o eso creen según el concilio.
Yo le pregunto cuanto tiempo tardará ese concilio para llegar a Oru y me
explica con mucho detalle que el concilio de electores se encuentra en otra
ciudad muy al sur de Oru, llamada Enemet.
Enemet es una ciudad sagrada donde solo habitan, monjes, clerigos, White,
Kabter prior, consejeros maestres, y Eruditos. Allí se entrenan todo tipo de
personas en labores de letrado y sabiduría, su ciudad limita con el desierto de
las lamentaciones y las ciudades rojas.
Se decía que su ciudad antes de la guerra contra los Dark se extendía más allá
del desierto, pero todo eso fue destruido y reducido por los Dark cuando
arrasaron ciudades rojas, es por eso que después de lo que pudieron salvar, los
dorados construyeron una biblioteca en su ciudad dorada Oru con el mismo
nombre que la biblioteca Canopia que se localizaba en el desierto. No es igual
de grande pero tiene libros históricos que se protegieron de las llamas de la
guerra.
Ella sabía mucho, me pareció grato tener una persona que supiera mucho
sobre este mundo, así que la acepté y me escoltaron a mis aposentos.
El cuarto era mucho más grande que el que me ofrecieron en las torres
blancas, y después vi algo más profundo cuando admiré el abrumador tamaño
de mi dormitorio.
Me sentiría muy sola aquí, ¿Cómo ocuparía mi tiempo mientras estos electores
lleguen, o cuándo tenga noticias de este chico? Lo único que me distrajo de mi
cruda realidad en mi mundo fueron los libros, así que mire con añoramiento el
libro de los caracoles y le dije a la chica:
— ¿Cuál es tu nombre?— pregunté
— Mi nombre es Mra, mi diosa.
— Mra, llévame a la biblioteca de esta ciudad, a Canopia.
— Su divinidad Alizes ese lugar está prohibido incluso para usted, no
tiene autoridad todavía… sin antes haber pasado por el concilio.
— Entonces muéstrame el camino, solo por ahora, quiero saber dónde se
encuentra esa biblioteca.
— Esta bien, le mostraré a donde ir luego de que los electores confirmen
su precedencia, sígame por favor.
La chica se levanta junto con la guardia, y esperan a que yo siga adelante.
Entonces camino enfrente de ellos.
La chica me explica que la biblioteca se encuentra en el centro del castillo;
entonces caminamos por los pasillo y bajamos los pisos por escalones y la
gente que estaba reunida como nobles de la casta se arrodillan ante mi cuando
paso, y también aquellos que sirven en las habitaciones y para los nobles.
El imperio había dicho a todo aquel que me viera que se arrodillara, aunque yo
no me molestaba por eso, si me sentía un poco molesta con el imperio por su
actitud tan despreocupada ante mi presencia, sentía que me despreciaba y que
solo fingía ante mí. Se mofaba, sentía esa hipocresía en mi espalda, y sabía yo
cómo se sentía eso, el que te conspiren… y esa intuición me decía que no
debía confiar en ese Oromus, ni en ningún otro.
Entonces vi por los ventanales de los pasillos, una nave enorme más grande
que el barco que me trajo aquí a la lejanía de la ciudad, y mi emoción no se
hacía esperar.
Bajar todos los escalones para llegar a la biblioteca me llenaba de
nerviosismo, la mujer y los guardias no pronunciaban palabra alguna, sin
embargo como mujer y como nueva en este mundo había muchos términos y
cosas y que no conocía, me sentía inculta a pesar de que sabía muchas cosas
de mi mundo, así que le pregunté:
— he visto… he visto que tienen muchas cosas interesantes.
— Me alegro que sea así su divinidad— Dijo Mra
— ¿me puedes contar un poco sobre ese objeto que está en el cielo?
La mujer accede pero se sorprende y de inmediato se recompone porque sabe
que soy su diosa, y dice:
— Claro su divinidad, esos son los barcos más avanzados de todo el
imperio, un gran maestro de armas y un eruditos construyeron un mecanismo
más eficiente para la propulsión del barco, se han basado en un estudio de
unos diseños antiguos en la isla de Laputa.
— Acabas de decir “¿Laputa?”
— Si su divinidad.
Laputa es una isla flotante en las historia de los viajes de Gulliver, se dice que
sus habitantes eran unos matemáticos y unos buenos músicos, y viajaban por
todo el país de Balnibarbi, no sabía que existiera un lugar así en este mundo.
Tomo más tiempo empezar adaptarse a la nueva situación a sabiendas de que
este mundo y el mío tiene muchas cosas en común, sin embargo aunque
tuviera mucho que aprender, me emocionaba saber que podría llenar ese hueco
mientras él aparecería. No solamente quería conocer la biblioteca si no
también aquellos que empezaban la era de la industrialización, conocer todo lo
que ha conllevado en su evolución como raza, todo era muy parecido a los
avances que se hacían en las periodizaciones históricas de nuestra linaje
humano. Era como si fueran influenciados a ser como nosotros.
— Mra, me gustaría conocer a los que diseñaron esa nave.
— Mi diosa no sé cómo responder a su orden, sin embargo hare lo que
me sea posible.
Los guardia abrían paso por todos los pasillos, y todos sea arrodillaban ante
mí, cuando llegamos al centro del castillo, centrado y sostenido por las bases
de las demás torres, la biblioteca se iniciaba desde 700 metros a mi parecer
desde los 5 edificio que lo sostenían, un puente conectaba la biblioteca al
torreón donde nos encontrábamos, el puente llevaba a la barbacana de la
biblioteca que estaba custodiado por guardias y mucho armamento.
Un clérigo servía como ayudante a un Erudito, un joven hermoso de la casta
dorada que guardaba la entrada, y levantó su mano en señal de alto, se notaba
que era intimidado por los guardias enormes que no se comparaban a los que
él tenía, dijo un poco débil:
— Su divinidad, no puedo dejarle entrar sin antes ser anunciada como
diosa por el gran concilio de electores, tenga mis más sinceras disculpas, como
sabrá este es un lugar muy delicado por toda la información que hay de
nuestra raza y de las demás castas.
El clérigo que aun era un niño de raza manchada entre dorado y café, se
arrodilla y dice:
— Mi diosa es un gran honor tenerla aquí, mi nombre es Kiros soy un
clérigo a su servicio.
El hombre veía con desagrado al clérigo manchado, pero fingía ser cordial
delante de mí. Yo no coloqué mucho cuidado y miraba el diseño del edificio,
un edificio único y centrado donde lo encerraba 5 edificaciones que formaban
un pentágono, solo había un puente donde yo estaba y lo demás lo separaba el
vacío, sus paredes hasta donde se podía ver era un ónix negro entre mesclado
con dorado, los caminos y todos los pisos era de ese color, pero solo en las
baldosas de aquella sala, y hermosos cristales que reflejaba los rayos del sol,
una brisa cálida pasaba por ese lugar y refrescaba el ambiente.
Miré nuevamente al hombre con una sonrisa y me retiré no sin antes ver que el
clericó aún no se levantaba.
— Ven Mra, llévame afuera.
— No es una buena idea su divinidad, allá a fuera hay una multitud
esperando su salida, si sale esta multitud empezara a rodearla solo para estar
en su presencia, podrían hacerle daño tanta muchedumbre.
— Tal vez tengas razón, esperaré al concilio.
Subí de nuevo y le pedí a Mera un favor enorme que con mucha prudencia
trató.
Como no podía salir, subí y miré todo el reino de Oru, era muy temprano y
solo me quedaba leer la única cosa que tenía a la mano, “la vida de los
caracoles”, los guardias custodiaban la entrada de mis aposentos y Mra se
encargaba de mi favor, así que tome asiento y abrí un capítulo de ese aburrido
libro, que decía lo siguiente:
—En un ambiente adecuado, un caracol podría llegar a vivir 60 años,
pero se ha manifestado una gran mortalidad de estas especias por causas
naturales como parásitos o depredadores naturales, como causas humanas que
se incluye algunas especies de caracoles entre en la dieta humana…
No puedo leer esto, es muy aburrido, porque escogería algo que es tan…
tan… haaa me vuelve loca sus gustos, no, es obvio que no escogió esto para
leer, si no como unas excusa para observarme, si hubiera escogido otro libro
envés de este.
Intentaré leer otro capítulo.
“Según estudios…”
No, definitivamente no puedo leer esto.
Miré la portada del libro y vi un caracol del genero Helix dibujado en forma
de caricatura, y el sol le miraba. Inclemente torturaba al pobre caracol que
luchaba por llegar a la sombre de un árbol.

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