RTW – Capítulo 84 – La Verdad detrás de Hermes

Traductor: Lurixer.
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El Arzobispo Mayne siguió la escalera circular que conducía a la tierra.

La escalera, con una profundidad de por lo menos cuatro veces la de la torre más alta de la catedral y un diámetro de unos veinte pies, fue construida en una dolina1 natural y conducía directamente a un castillo estratégicamente posicionado y espacioso. El comienzo de la escalera estaba bien iluminado por el tragaluz que recorría las ventanas de la alta cúpula de arriba, dando a las retorcidas paredes de piedra un color helado.

Pero al seguir los pasos, la escalera se oscurecía rápidamente, aparentemente fusionando las paredes en una sola. Pero después de algún tiempo en el centro de la escalera, el reflejo de una luz azul podía ser visto, y cuanto más profundo fuese, más brillante se convertiría. Así, incluso sin una antorcha, nunca caerían en una total oscuridad.

Al pie de la escalera, un sendero firmemente unido a la pared de roca serpenteaba alrededor de un agujero oscuro.

El camino fue cortado en granito, formado por muchas piezas rectangulares de tres dedos de espesor. El camino era lo suficientemente ancho como para que dos personas caminaran juntas. Un extremo de cada pieza de granito estaba incrustado en la pared de roca mientras que el otro extremo estaba en el aire. Con el fin de evitar caídas accidentales, habían postes de madera que estaban conectados por una cuerda al lado del agujero.

Mayne no contó el número de peldaños que caminaba. Al final, eran demasiados, pero él sabía que incrustar cada pedazo de piedra era una tarea difícil. Los albañiles contratados por la Iglesia tenían que apoyarse en una cuerda para colgar mientras golpeaban los agujeros adecuadamente profundos en la roca dura. Después, tenían que insertar las placas de granito en los agujeros. Cada acción tenía que ser hecha con mucho cuidado porque cada deslizamiento o rotura de la cuerda conduciría a una caída al fondo, lo cual ya le había pasado a más de trescientas personas.

Si la Catedral de la Iglesia en la superficie era un símbolo del espíritu inflexible de la iglesia, entonces el castillo oculto en la Meseta de Hermes era el verdadero núcleo de ella.

Un trozo de Piedra de la Retribución de Dios estaba incrustado en el borde de cada peldaño, y un guardia estaba posicionado en cada centésimo peldaño. Para la última línea de defensa, había incluso un escuadrón del Ejército de la Retribución de Dios que estaba siempre listo para hacer frente a un ataque de intrusos. Muchas bolsas de arena y grava fueron enterradas entre la Catedral y el castillo subterráneo. Esto era en caso de que toda línea de defensa en la Ciudad Santa hubiera fracasado. Si cada persona importante fuese evacuada, el Papa podría iniciar la trampa y enterrar todo bajo una profunda capa de arena y grava.

Aunque no era la primera visita de Mayne al castillo subterráneo, la sensación de caminar sobre el aire aún le hacía sentirse mareado. Especialmente después de algún tiempo, siempre tendría la ilusión de caer.

Así que se sintió un poco aliviado cuando finalmente tuvo una vez más tierra firme bajo sus pies.

En el fondo del pozo había un enorme disco de piedra blanca, con una superficie tan suave como un espejo. Al estar de pie encima de él, alguien podría incluso ver claramente su propio reflejo. A través de una construcción inteligentemente diseñada, la luz que entraba a través de las ventanas dentro de la cúpula se reflejaba de tal manera que golpeaba directamente la piedra. Gracias a esto, incluso sin encender una antorcha, la parte inferior de la dolina nunca sería oscura.

Al llegar al fondo de la dolina, descubrirían que el sol no era incoloro. Después de ser reflejado por la piedra al fondo del pozo, la luz se volvería azul, pero al mirar hacia arriba, la luz azul dejaría que el sumidero brillara en un color fresco. Pero al mirar más de cerca, alguien descubriría que había innumerables partículas de polvo volando hacia arriba, al igual que las diminutas criaturas registradas en el libro antiguo.

Los agujeros dentro de la pared de la montaña eran cuevas formadas por la naturaleza, y la iglesia sólo abrió las entradas, para ampliar aún más y construyó el Castillo de Hermes. Pero gracias a estos agujeros que se extendían en todas direcciones, el aire podía fluir libremente, de modo que el aire en el fondo de la dolina no se sentía pútrido u opresivo.

Cuando Mayne entró a través de la puerta en la zona principal del castillo, de repente se vio rodeado por una fuerte fuerza defensiva. Habían cinco soldados llamados Jueces, que protegían todas las entradas: los Jueces eran los soldados más leales de la Iglesia, una vez que fueran aceptados en este grupo y comenzaran su trabajo, vivirían para siempre en el castillo, nunca pudiendo volver a la superficie.

De hecho, sólo él y el papa eran capaces de entrar y salir del castillo, incluso los dos Arzobispos, Heather y Tayfun, no se les permitía entrar aquí.

Pero Mayne tampoco sabía cuántos canales tenía el castillo. Además del canal principal hacia el sur, habían muchas ramas laterales que se alejaban de la rama principal, y al seguir estos canales laterales, se dividían de nuevo en muchas más ramas. Algunos fueron utilizados por la Iglesia, mientras que otros fueron sellados. Había oído decir que durante la construcción del castillo unos pocos artesanos se desviaron hacia esos canales no marcados como seguros, lo que les llevó a perderse, ya que nunca pudieron encontrar su camino de regreso.

El canal principal vertical conducía directamente a las profundidades de la montaña, alrededor de cada trescientos pies (cerca de 100 metros), Mayne tenía que cruzar un punto de control. Él sabía que la Iglesia estaba usando cada segmento entre dos puntos de control para una tarea diferente. La zona más externa era utilizada como la sala de estar para los guerreros que tenían que permanecer toda su vida en el castillo. El segundo segmento se utilizaba como archivero, para el almacenamiento de instrumentos y fragmentos de libros antiguos. La tercera sección era la zona de la cárcel, donde se alojaban prisioneros a los que no se les permitía ver la luz nunca más … incluidos los inocentes.

Después de atravesar el tercer punto de control, Mayne se detuvo. Más allá, estaba el área secreta del castillo. Todos los materiales e inventos de investigación de la Iglesia se originaron en este lugar, y sin la autorización del Papa, a nadie se le permitía entrar. Desde que se convirtió en Arzobispo hace tres años, sólo había entrado en esta área una vez antes.

Cuando Mayne se acercó, tomó el camino de la izquierda.

Después de un corto paseo, el camino terminaba en una puerta, con una placa a la altura del pecho en el que se podía leer “¡Ancianos!”

Mayne saludó con la cabeza a los guardias y ordenó: “Abran la puerta”.

Detrás de la puerta seguía el corredor, habían antorchas ardientes colgadas en la pared, como pequeñas chispas de luz en un mar de oscuridad, continuando por el camino hasta el final. A ambos lados del camino había muchas puertas de madera y en el centro de cada puerta colgaba una placa con un número en él.

Uno de los jueces que siguió a Mayne levantó una antorcha para iluminar el entorno. Mientras caminaba por el canal, Mayne miró todo el tiempo a los números en las placas. Cuando finalmente vio el número 35 moteado en la placa, se detuvo y sacó una llave de uno de sus bolsillos y la insertó en el ojo de la cerradura, girándola ligeramente. En la parte inferior de la dolina, el sonido de abrir la cerradura era especialmente áspero, y su eco podía ser oído incluso en el extremo del canal. Como si se tratara de una llamarada de señal, de repente se oyeron muchos gritos a través de las puertas, hubieron llamadas de hombres y mujeres. Al escuchar con cuidado, Mayne podría entender algunos de ellos. “¡Rápidamente sálvame!” “¡Ayúdame!” “¡Por favor, mátame!” Y cosas por el estilo.

Pero Mayne no se dejó impresionar por los gritos. Sólo ordenó al guardia de pie junto a la puerta que la cerrara inmediatamente después de entrar en la habitación, dejando el caos de gritos fuera.

Detrás de los rieles de hierro, el obispo vio a un anciano sentado en su cama, tal vez no era tan viejo, pero ahora su cabello ya se había vuelto blanco y su rostro estaba cubierto de arrugas. Su barba parecía que no la había arreglado en mucho tiempo, casi llegando hasta su cuello. Como no había visto el sol durante mucho tiempo, su piel se había vuelto terriblemente pálida, y sus manos y pies eran tan delgados como el bambú.

Mayne echó un vistazo al plato de comida detrás de los rieles, que parecía que no había sido tocado, registrando esto él suspiró. “Debería tratarse mejor, la Iglesia no carece de comida. Y las comidas son incluso hechas de acuerdo a un estándar del rey, excepto por el vino. Incluso el pescado, es bacalao de primera calidad procedente del Puerto de Agua Clara. Debería estar familiarizado con su sabor, ¿verdad, Su Majestad, el Rey Wimbledon?”

Nota:

1Dolina es una depresión o un valle formado por la desintegración de una roca.

2 respuestas a “RTW – Capítulo 84 – La Verdad detrás de Hermes

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